miércoles, 20 de agosto de 2014

Todos y Euclión

[A Euclión] si le pidieras prestada el hambre, no te la daría.
La comedia de la olla
Plauto
Euclión bebe su amargura en soledad. Tiene en su posesión una fortuna. Podría, si quisiera, regalarse una vida fácil, ignorando cualquier inquietud por la falta de dinero. Sin embargo, lo que ha ganado en riquezas, no le compensa el desasosiego por temor a perderlas todas.

Indudablemente, es difícil sobrellevar la pérdida: dinero, salud, amistad, amor, comodidades, ideas, creencias, autonomía, libertad, prebendas, sinecuras...

Llama la atención la cantidad de estopa que los partidos -los hasta ahora dueños y señores del parlamento-, y sus medios afines, están repartiendo sobre la nueva formación política. ¿Esta última, dentro de un tiempo, también haría igual que aquellos?

Es humano

domingo, 20 de julio de 2014

La mano de Jorge Manuel

No estaba El Greco contento con la estimación en que se les tenía a los pintores en su sociedad, así que decidió investir a uno (en nombre de todos) de los atributos más nobles. Tomó de modelo a Jorge Manuel, su hijo, al que representó con útiles de pintura. Domenico estaría ilusionado por que el chico se aplicara al noble arte del pincel, y querría hacerlo aparecer como un joven y talentoso artista. Para chasco de su ilustre progenitor, artista el vástago sí era, pero más bien en la rama de la arquitectura. La figura alargada, apuesta del muchacho, en donde se aprecia la delicadeza con que El Greco hacía su trabajo en esas manos, pura exquisitez, nos llena de satisfacción.

Hay un cuadro, La Virgen de la Caridad, que pertenece ya a la última etapa del genio. Vemos también los caracteres típicos del pintor griego. Solo hay un elemento que desentona. La mano en el pecho del personaje de la derecha (el propio Jorge Manuel). Nada que ver con la pulcritud que acabamos de ver más arriba. ¿La ejecutó El Greco o lo hizo otro, por ejemplo su propio hijo, que para esas fechas ya trabajaba en el taller de su padre?

Otro cuadro del pintor que produce enorme inquietud. No obstante, La dama del armiño (en realidad la piel que luce es de lince) es un trabajo de atribución discutida.

Saltamos de un lado a otro. Ahora no vamos a discutir la autoría del célebre artista afincado en Toledo. En el siguiente Retrato de caballero anciano, no se nos aparece, si somos tiquismiquis, un anciano, sino una persona avejentada prematuramente por los golpes y sinsabores de la vida. Contrasta con la arrogancia propia de la plenitud de fuerzas de la juventud que luce otro lienzo de El Greco: el célebre Caballero de la mano en el pecho.

Qué pensaría El Greco de todo ese guirigay de la Inquisición. No está con nosotros para saberlo, pero tenemos este lienzo: El Inquisidor Niño de Guevara. La mirada acerada desde esos anteojos redondos, parece la de una máquina, un burócrata de la muerte.

Hombre con útiles de escritura y dibujo. Ese curioso gesto de la boca lo vuelve más humano. Casi parece contrariado por la molestia de tener que gastar su tiempo en posar, o tal vez el de los demás en retratarle simplemente a él.


Esos chocantes colores y esas formas que quieren perder la forma, en busca de un "discurso" artístico personal le dan un toque moderno. Por otra parte no puedo evitar creer que atribuir modernidad a un gran maestro encierra un juicio redundante.

Fuentes:
guías de la exposición sobre El Greco.
Wikipedia para Retrato de Jorge Manuel, La dama del armiño, Caballero anciano y El inquisidor Niño de Guevara,
De Wikiart para Hombre con útiles de escritura y dibujo.


viernes, 20 de junio de 2014

Información

 
 Sedientos. En ese estado nos encontramos siempre. Sedientos de información. Pero dónde abrevamos en estos tiempos digitales. Internet está muy bien, es cómodo y rápido. ¿Y nos fiamos enteramente de lo que nos arroja? ¿En quién depositamos la confianza de nuestro conocimiento?

¿Quién no sabe de la vieja Espasa? Una obra que nació en 1905, en un momento especial en el que varios editores catalanes estaban trabajando cada uno desde su empresa en la edición de enciclopedias, como Salvat y Seguí por ejemplo. José Espasa, el propietario de la célebre editorial, quiso construir un edificio enciclopédico especial que se distinguiera del resto. El esfuerzo fue notorio. Designaron a unos responsables que dirigirían cada especialidad, y para la redacción, mantenían en plantilla a un grupo que trabajaba a jornada completa en las oficinas. También contaron con otro gran número de redactores externos que escribían entradas acordes a su temática, a los que se conocía por los “famèlics de dalt” dada su precariedad laboral.

Entre los responsables de la edición de la obra están las máximas figuras barcelonesas en cada materia: Berthelot, Aranzadi, Iglesias, Brugués, Serra Hunter, Coroleu, Terradas Illa, Gispert, Rioja Martín, Orts Climent, Massaguer, Faura Sans, etc. En la dirección artística (la enciclopedia estaba ilustrada), es Miguel Utrillo quien busca la colaboración de lo más granado del arte catalán: Ramón casas, Alejandro de riquer y muchos.

En cuanto a sus dimensiones, pensemos que, en 1923 (ya fusionada Espasa con la compañía vasca Calpe), se contaba nada menos que con 646 autores (muchos eclesiásticos, pocas mujeres; y más componente catalán por el origen local del proyecto). En 1930, la composición del personal a cargo se hizo más compleja, al abrirse a colaboraciones de las Reales Academias, la Universidad madrileña o la célebre Institución Libre de Enseñanza.

Qué fue de esta increíble aventura editorial que empezó con el siglo XX. A dónde se ha llegado que la gente le da la espalda, y un muro de olvido y telarañas va emparedando poco a poco sus sabias páginas en estantes ignorados.

Fuente: la propia enciclopedia.

martes, 20 de mayo de 2014

Rompiendo inercias

Vendredi Saint en Castille (Viernes Santo en Castilla)

Alguien que marchó una temporada a estudiar pintura a Bruselas, a finales del siglo XIX, a su vuelta a España y todavía con la mente puesta en las vanguardias, qué fue lo que encontró en su tierra: una nación atada a las tradiciones, a los ritos, un país que daba la espalda a la ciencia y la técnica. En ese contexto, el artista decidirá pintar y resaltar incluso hasta lo grotesco, aquellos aspectos de la cultura hispana que más espanto, y al mismo tiempo atracción, le causaban. Sus cuadros sobre tétricos cementerios, mujeres enlutadas, procesiones silenciosas, proyectan esa incomprensión, y fascinación no obstante, que al artista inquietaron. Por ejemplo, en el lienzo que encabeza (Viernes Santo en Castilla), el artista representa lo tradicional en el lado de abajo (esa procesión en negro con la enhiesta imagen en andas) y la ciencia y la técnica arriba (la oscura locomotora con su alta chimenea. A propósito, parece por su analogía una broma: la imagen del santo, la chimenea). Imaginamos que el pintor no es un espectador neutral, sino que deseaba para su país el lado de arriba, y, tal vez, no sea una asunción excesiva pensar que, hoy en día, tampoco nosotros disentimos de él.

A este choque cultural entre el pintor y su país ha de añadirse otra circunstancia agravante: la luz cegadora. Para un paisanín de Ribadesella pasado por los años de aprendizaje en Bélgica, las condiciones ambientales de la España no atlántica debían de parecerle un reto. Su paleta de colores se había acostumbrado, en el norte de Europa, a una atmósfera velada de matices, y no se llevaba bien con la agresividad del azul, y la abrumadora omnipresencia del sol.

Por ello, a veces, busca el refugio de la noche.



La concha, nocturno

O el descanso en el ambiente más suave de la atmósfera cantábrica


Baño en Rentería

El Museo de Bellas Artes de Bilbao, el Thyssen-Bornemisza y el Museo Carmen Thyssen Málaga se alían para mostrar una exposición sobre el pintor asturiano Darío de Regoyos. Un artista viviendo en el exilio de sus colores y de su ideario.

domingo, 13 de abril de 2014

Aquí hay pasta y libros saltarines

Así pues, el rey Alfonso envía una embajada a Roma, al papa Aldebrando (Gregorio VII), para que implantara la celebración del rito romano en todo su reino. En 1077, en la ciudad de Burgos, lucharon dos caballeros, uno por el rey en defensa de la ley de Roma y el otro en defensa de la ley de Toledo. Venció este último. Mientras los contendientes luchaban se encendió un fuego en la plaza y se echaron en él los dos misales, el romano y el toledano. Se implantaría el oficio de aquel misal que saliera indemne del fuego. Pero como quiera que el toledano dio un gran salto fuera del fuego, al punto el rey, airado, lo devolvió al fuego de una patada diciendo: “allá van leyes do quieren reyes”.

Hay libros que nacen con estrella y van a tener una vida envidiable y larga. Hay otros que no: son los perdedores. Todo juega en su contra y nada les va a salvar.

El rito mozárabe, visigótico o toledano, presente en la Península durante la Edad Media, va a tener que ceder su lugar a la nueva liturgia romana. Y todos los libros relacionados con aquel están condenados. Ese misal de rito visigótico (toledano) que salta -inocente él- para salvarse de la quema se encuentra con los intereses de Estado, que lo devuelven de una patada al fuego consumidor.

Roma amenaza al rey con quitarle reino, matrimonio (y heredero oficial) y la propia legitimidad monárquica (excomunión). En fin, un rescate de la troika de la época. Las soberanías territoriales, sean del carácter que sean, ya real-personal, ya nacional-ciudadana, se diluyen frente a un poder internacional. Alfonso VI está atado, y, aunque se resistió todo lo que pudo, no va a decir otra cosa que amén: es una marioneta. Si tiene que recortar el rito toledano, lo hace (o si las conquistas sociales, pues también). Bueno, el rito, y el dinero, claro. Que el Papa juega pero no gratis, o, para ser precisos, juegan, que en realidad son dos: Gregorio VII y el Abad de Cluny, el otro papa de la época.

En Roma y en Borgoña (patria de Cluny) oyeron el tintineo de las parias, y dijeron: aquí hay pasta. Y, a lo que parece, se las ingeniaron bien para meter las manos y hacer de Alfonso un rey pagano. Bueno, para paganos los hispano-musulmanes, que fueron quienes aportaron la guita con las parias.

Afortunadamente, en muchos otros lugares se preocuparon por conservar aquellos códices perdedores y hoy, incluso, podemos escuchar el canto de los oficios del rito visigótico. Quizá no fueran, estos, libros tan perdedores al fin y al cabo. Quizá algo quede después de tanto recorte (aunque no será por el empeño del político pragmático y la troika de turno).

viernes, 21 de marzo de 2014

21 marzo 1685

El mundo empezó a partir de un elemento único y simple. Indivisible pero infinitamente denso en leyes de potencia creadora. A partir de él se fue formando lo que ahora conocemos. Y, con el tiempo, llegamos nosotros, los hombres. Y tuvimos conocimiento de todo este largo proceso de creación. En nosotros cobró conciencia.

Estas palabras, que delatan tanto candor y fe en el hombre y en el desarrollo del mundo que conmueven, contienen una posible lectura de una famosa composición musical de Bach.
  

El arte de la fuga empieza en un elemento simple, un motivo. Después, la música va expandiéndose, desarrollando toda la potencialidad que lleva en sí. Finalmente se acaba, abruptamente, tras aparecer un último tema que representa el nombre del propio autor quien por cierto, tras escribirlo, murió (no sucedió exactamente así). ¿Fue una mera firma o el postrer elemento de toda una teoría filosófica que pretendía explicar el desarrollo del mundo desde la creación hasta la comprensión de todo ello por parte del ser que lo culmina, un hombre, el hombre? Quién sabe.

El Barroco -estilo al que pertenece Bach- gusta de engañar o de ocultar la verdadera intención. Parece como si la gente de este período, ya partícipes de muchas de las conclusiones del Siglo de Las Luces pero no seguros de su método, prefiriera andarse con disimulos a la hora de explicarse. Como si, atados todavía a la autoridad medieval, temiesen salir de su paraguas protector. Cuando la mente ilustrada, liberándose ya de servidumbres, tome el relevo a los hombres del Barroco, volverá la vista atrás y mirará con desprecio a sus predecesores, timoratos y amarrados. Ensoberbecido, el hombre ilustrado levantará un muro de incomprensión, e incluso echará el velo del olvido sobre el pasado, sin distinción, al que percibirá sumido en la superstición y la ceguera.

Nosotros somos antesala de otro hombre del futuro. Pensamos acaso ya como él pero nos da miedo completar el camino que nos queda. Y él, el que nos sustituya en ese mañana, nos despreciará por ciegos y melindrosos. Nos tratará indistintamente a todos por igual. No, claro. Esto último no ocurrirá.

Aquella criatura que seguía a su padre, músico también, a todas partes: "cuando (su progenitor) daba clases de flauta, el niño sacaba su pequeño flautín. Cuando daba un concierto, el pequeño se escondía entre el público. Si su padre escribía, él jugaba a copiar notas y pentagramas" (Érase una vez... La música: Johann Sebastian Bach).


Fuente de la imagen: http://imslp.org/wiki/Die_Kunst_der_Fuge,_BWV_1080_(Bach,_Johann_Sebastian)

miércoles, 26 de febrero de 2014

Un recuerdo

Llegan al pueblecito francés denominado Co-
llioure. Corpus Barga, nos dice: «La carretera de
la estación de Collioure estaba en obras y un
amigo tuvo que llevar en brazos a la madre. La
viejecita, como una niña, iba diciendo: '¿Llega-
remos pronto a Sevilla?'».
Antonio Machado y los niños, de José María Garrido Lopera
 
 
 
 
Tan pocos mimbres para (no) entender la Historia.





Motivo, la reciente entrada de Pedro Ojeda: Colliure, 22 de febrero de 1939