martes, 27 de noviembre de 2012

Primera víctima: la verdad

Corrían ya los fusiles y cañones por España en aquel octubre de 1936. Se peleaba con denuedo por cada palmo de terreno, hipotecando con sangre y rencor nuestro futuro. Pero la lucha encarnizada no se reducía al frente de batalla. Había más "teatros de operaciones". El de la información, cómo no, también fue devorado en la vorágine de la guerra. Cada periódico, cada gaceta, entintaba, negro sobre blanco, su verdad de los acontecimientos de la jornada.

El 14 de octubre de 1936, el ABC, en su edición sevillana (sí, la Sevilla tomada por Queipo de Llano), presentaba el reporte titulado La fiesta de la raza en Salamanca. Brillante discurso del señor Pemán, en donde el redactor refiere un acto que tuvo lugar en el Paraninfo de la Universidad de dicha ciudad con motivo de la festividad del 12 de octubre. Salamanca entonces, como Sevilla, formaba parte de la zona en poder de los sublevados. Presentes, aparte del propio poeta, estaban Unamuno, rector del centro, la mujer de Franco y el general Millán Astray entre otros. Según el rotativo hispalense hubo varias intervenciones de gran brillantez, sobre todo la de Pemán, quien "compuso un discurso bellísimo de erudición y citas históricas". Luego parece que habló, tan solo unas "breves palabras", Unamuno. Y a continuación, Millán Astray, pidió autorización para intervenir, que lo hizo, simplemente para dejar en el auditorio "unas palabras de exaltado patriotismo". Eso fue todo. No sucedió nada más especialmente reseñable.

Otra perspectiva de los hechos, esta vez la del otro lado del frente. Para explicarla, antes hay que aclarar algo. En el bando republicano se le tenía a Unamuno por traidor desde que, al inicio del conflicto, no dudó en apoyar a los golpistas. Por eso su nombre suscitaba pocas simpatías. Escojemos, para el relato del suceso, un artículo bajo la cabecera La Libertad, publicado el 4 de noviembre de 1936, de título: ¡Está muy bien! Según este diario todo el episodio se debió a la vanidad del pensador bilbaíno quien, al no ser invitado a unos actos de homenaje, se sintió ofendido con los dirigentes sublevados. Así, a la primera oportunidad que se le presentó, don Miguel lanzó un discurso muy airado y realmente mordaz contra Franco y sus "métodos de espuela" y "negación de espiritualidad". El asunto se zanjó con la detención en su casa del eminente catedrático, lo que celebra el periodista autor del reportaje con un "¡Final triste, pero merecido final!".

Pero hay más. Poco a poco se iban conociendo más detalles, en la zona republicana, de lo acaecido en Salamanca. A 27 de enero de 1937 (ya fallecido el autor de En torno al casticismo), el ABC, en su edición madrileña (sí, la ciudad no había sido aún tomada por Franco), publicaba su particular crónica: Si quieres aprender, no vayas a Salamanca : ¡muera la inteligencia! El noticiero se guiaba de una información, impresa por el semanario francés Vendredi, sobre la apertura de curso académico el uno de octubre anterior. Aquí, al contrario que en la versión del ABC sevillano, apenas es mencionado Pemán. Todo el protagonismo se lo lleva Unamuno, quien, en un improvisado discurso, pues no tenía pensado intervenir, arremetió contra los oradores que le precedieron pues ellos no dudaron en hacerlo contra el pueblo vasco, añadiendo de su propia cosecha alguna pulla más (particular turbación causó su comparación entre las mujeres de ambos bandos: "en este lado -Unamuno estaba en la Salamanca en poder de Franco-, las mujeres no toman noblemente parte en la lucha; pero, llevando medallas e insignias, asisten a los fusilamientos y a las ejecuciones"). Para lo que sucedió después tengamos en cuenta que el auditorio era completamente partidario del Alzamiento militar, y por tanto, don Miguel estaba dirigiéndose, en su soledad, a personas bastante radicales. Las palabras del rector causaron un "escándalo indescriptible" en la audiencia. Tanto es así, que Millán Astray se levantó y fustigó al eminente filósofo con un "¡muera la inteligencia!". El cariz de los acontecimientos empezaba a desbordarse. Hubo un gran disgusto entre los profesores, y Carmen Polo se desmayó. El resultado de este choque entre un septuagenario Unamuno y la masa de participantes fue la destitución del primero como rector, "y añade el periodista tal vez la muerte del famoso polígrafo".
En la entrevista que el reportero logra hacer después del altercado, un defenestrado pero granítico Unamuno, lúcido y consciente, ya tenía claro que la represión franquista no consistía en una serie de "actos individuales o indisciplinados, sino de órdenes colectivas dadas por el Estado Mayor". Me imagino que no era ningún ingenuo y que ya sabía que, en esas órdenes, había entrado él.


Un hispanista holandés, Brouwer, un tanto perplejo por la identificación de Unamuno con el Alzamiento, le hizo una entrevista días después de haber sido destituido de su cargo de rector. El resultado fue publicado en varios diarios. Recogemos un resumen que hizo el ABC (Madrid), el 5 de enero de 1937, Cómo se peleó Unamuno con Millán Astray (la interviú completa en La Voz, 7 de enero). Ya vemos que aquí van apareciendo nuevos testimonios de aquella aciaga jornada, como el famoso "vosotros podréis vencer, pero no convencer" del Rector; o también -contestando a unas palabras de Millán Astray "en las que decía que la cultura únicamente procedía de Castilla"- la expeditiva y afilada rectificación del vizcaíno: si eso fuera verdad, "España sería como usted, le faltaría un brazo, un pie y un ojo. Sería un cuerpo horriblemente mutilado". Millán Astray comprendería en ese momento que hay palabras que son bombas.

Recriminó el docente bilbaíno, años antes, por cobardía a su más ilustre predecesor en la cátedra salmantina, "el Maestro León" (esa sería otra historia). ¿Quién le hubiera dicho entonces a don Miguel que, con la muerte robándole ya las fuerzas, tendría que acreditar autoridad para hacerlo?

Esta entrada se me ocurrió gracias al post que dedicó Pedro Ojeda, en su La acequia, al ensayo unamuniano En torno al casticismo, en donde se toca un tema muy querido para nuestro profesor de Salamanca: la espiritualidad.

Fuentes: archivo del ABC; Hemeroteca digitalUnamuno a la salida del Paraninfo (imagen)

12 comentarios:

  1. Se puede llegar a perdonar, pero jamás olvidar. Unamuno se hizo famoso por eso, y Astray por sus disparos casi de dadaísta. "Muera la inteligencia", que en otras circunstancias hubiera sido un buen título para un manifiesto provocador del absurdo. En 1936, en este país, no era momento para bromas.
    En cualquier guerra muere primero la verdad. Hoy sabemos, por poner un minúsculo ejemplo, más cosas del desembarco de Normandía.
    Fantástico el final, con la muerte robando la energía al viejo catedrático.
    Saludos.

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    1. En aquel entonces todo eran gritos, y el caso que para no escucharse. Si preguntabas la hora a un pelotón de partidarios, lo tomaban por insulto y ya te estaban dando "el paseíto". No cabían bromas, no. Ahora, afortunadamente sí las hay, muchas, en la radio, en la prensa. Ahora sí estamos para humoradas, pero el humor no está en nuestras carteras.

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    2. Calificar "muera la inteligencia" de dadaista me pareció genial.

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    3. Es verdad. En cierto modo es un lema que podría haber lanzado un artista iconoclasta para reivindicar alguna postura moral contra el statu quo, una nueva formulación de un orden por nacer; España como tubo de ensayo de nuevas corrientes antagónicas. Pero Unamuno lo vio enseguida, y su contestación puede resultar algo brusca, incluso irrespetuosa con un lisiado. Lo que pasa es que don Miguel no pertenecía a los políticamente correctos, y él tenía sus propias ideas. Aparte, claro está (y con perdón), que ya le estaban tocando bastante las narices.

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  2. Unamuno siempre fue fiel a sus dudas. Este suceso que narras le acreditó por valiente, que también lo fue siempre.

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    1. Esta anotación se me ocurrió, hace unas semanas, tras leer la que dedicaste a En torno al casticismo. No me lo terminé en su día, y me decidiste a hacerlo. Lo que fue para bien.
      Sí, nunca estaba contento con ninguna decisión, ni siquiera si era criatura suya. Encontré un recorte de prensa, de febrero del 37 -ya fallecido por tanto-, en que aseguraba haber fundado un nuevo partido, cuyo emblema era un ave de corral. Cuando le preguntaron contestó: "Este es el nuevo partido fundado anoche. En cuanto tenga un segundo afiliado, yo me doy de baja."

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  3. Estado de guerra, impera la confusión y falta razón. Intereses, emociones, creencias, familia, compromisos... y muchas cosas más; pero bandos sólo hay dos. Una cabeza donde estallaban las ideas como la de Don Miguel no se acomoda bien en ningún frente: él tiene el propio, su genuino "sentimiento trájico de la vida".
    Estupenda entrada.

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    1. Pues sí. En cierto modo tenemos suerte de tener a un personaje como él porque, aparte de poder leerlo directamente en su lengua, nunca se pronunciaba entusiastamente a favor de ninguna gloria reconocida por todos. Él siempre estaba ahí para dar el contrapunto. A veces uno podría pensar de Unamuno que es un cascarrabias, pero nos conviene a todos tener a un fiscal que examine los conceptos y las ideas con ojo muy crítico y nos espabile cualquier embeleso.

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  4. Unamuno fue un hombre íntegro, fiel a sus ideas y sentimientos, y en tiempos de la guera civil, supo en muchas ocasiones anteponer su credo a "Cambiarse de chaqueta" y con valentía defender sus ideales.
    Es muy bueno que se recuerden hechos que ocurrieron, para que se conozca la verdad.

    Un abrazo, y feliz semana.

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  5. Como no podía ser de otro modo, un hombre como él no iba a subordinarse tan fácilmente a nadie. Su pensamiento, lleno de sutilezas y complejidades, alguien pudo creerlo simplificar, pero a Unamuno no se le pueden aplicar fórmulas simplistas que lo pretendan abarcar a grosso modo, porque ese grosso es muy grosso, y llega al dislate de amputarlo o reventarlo. Y así ocurrió.
    Un abrazo y gracias por pasar.

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  6. Generar una opinion puede ser atrevido a la distancia en tiempo y km, siempre lo tuve a Unamuno como fiel a sus ideas, tal vez tu comentario anterior redondea bien la idea
    Abrazo

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  7. Es verdad, es arriesgado opinar sobre un tiempo en donde las condiciones de vida diferían tanto de las de hoy. Corremos el riesgo de hacer juicios contaminados de nuestro presente. Y sin embargo, el propio Unamuno, me atrevería a decir, no era partidario de una historia aséptica a espaldas de nuestra contemporaneidad.
    Un abrazo con tiritones de frío.

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