domingo, 22 de enero de 2017

Cascarrabias

Me siento extraño en el cine:

¿Por qué no como la cena en la sala (una cena verdadera, no unas palomitas)?
¿Los demás pensarán tan a menudo como yo: tenía que tocarme otra vez a mí?
¿Por qué miro la numeración de mi butaca?
¿Por qué me asustaría (bueno, asustarme, asustarme...) caer sobre el ardiente regazo de alguien en la promiscua oscuridad?
¿Por qué la gente no encuentra mis pies apoyados por ahí?
¿Por qué no hago el saltimbanqui en mi asiento (en pelis de acción)?
¿Por qué no hablo también en alto?
Y una curiosidad: ¿por qué me río a destiempo?

Al final acabo por mudarme a otra butaca para no hacer más cábalas. Y es una buena idea pues ahora, escrito así en un listado, lo entiendo. Es por culpa de mis rarezas.
Y es que no voy a exigir a los demás que se acomoden a ellas. Pero, por cerrilidad, algunas veces pienso -quizá como íntima aspiración de clase paciente- "¿por qué emigro yo?" ¿Por qué ha de ser este menda el raro, y encima el prudente?, ¿por qué seguir permitiendo que extraigan de mí la diversión, quedándosela toda ellos? Entonces, en vez de ceder, me dan ganas de extrañarlos. Total, callando lo tengo todo perdido.

P.d.: Permítidme esta pataleta el resto de discretos cascarrabias.

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