La resurrección de la antigua sabiduría griega y romana [del Renacimiento], había hecho a muchos hombres demasiado confiados en su propia razón e inteligencia, que creían no tenía que ser dirigida por una autoridad superior
José María Pemán
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| "Cosmogrofia di Tolomeo" |
No puedo evitar, cuando entro en una casa, echar un vistazo a la librería. Y si la ocasión es propicia, acercarme a mirar por menudo los anaqueles. Puede que, en este impulso, haya algo de interés egoísta por descubrir alguna obra que me venga bien o, por qué no admitirlo, también un poco de cotilleo. Y es que ellos nos ofrecen un complemento estupendo a la persona, una foto de sus intereses y formas de pensar. En definitiva, a través de ellos, los libros, se conoce mejor a su propietario.
Por eso me acerco al arcón, donde el dueño ha ordenado su biblioteca. Curioseando, cojo uno al azar y lo abro, Vida y fábulas de Esopo, una edición veneciana nada menos que del gran Aldo Manucio. Lo deposito con todo el cuidado que me merece, y escojo, a continuación, otro ejemplar, de encuadernación algo forzada por un lápiz entremetido en sus páginas. Qué mágníficas letras, grandes y claras. En el íncipit, el afamado autor, Leon Battista Alberti, presenta su tratado sobre arquitectura. Luego me entretengo con otro volumen, esta vez algo antipático de leer por su apretada composición: una Historia natural de Plinio. Por si no fuera poca tanta variedad, bajo él me topo con un
Donato, que pocos aprendices de latín desconocerán y, con idéntico fin, otro libro, esta vez de Prisciano. Pero veo varios más, de matemáticas, y muy manoseados; seguro que hay en ellos alguna vinculación con el tratado de arquitectura.
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| "Plissciano gramaticho" |
Con tanta libertad como me permite la ausencia del dueño de los libros
—de viaje en Milán en donde ya estuvo una temporada, hace diez años, hasta que depusieron a los Sforza en 1499
—, voy desgranando su vida a partir de tan aparentemente dispares intereses. De las lecturas que el azar me está seleccionando, he ya deducido que se trata de algún arquitecto o ingeniero, amante del latín y la mecánica del mundo. Cosas todas apropiadas para un temperamento tranquilo que contempla la naturaleza con el gusto de la razón.
Luego, en un descuido, cae a mis pies un libro que me deja sorprendido. Al abrirlo se libera de la presa que ejercen sus páginas una nota de cuidada letra. No puedo por menos que atender a su contenido. Una especie de
currículum vítae, una solicitud de trabajo. Dice en el billete el autor, ser un gran ingeniero militar capaz de infligir al enemigo toda clase de "daños y confusión" con sus soluciones prácticas, incluyendo entre estas, la construcción de unos "carros cubiertos seguros e inatacables". No sé lo que quiere decir. Luego ojeo el libro sin interés, un tratado sobre la guerra y la ingeniería militar.
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| De re militari |
Fuente: en Sus libros 2/2