La resurrección de la antigua sabiduría griega y romana [del Renacimiento], había hecho a muchos hombres demasiado confiados en su propia razón e inteligencia, que creían no tenía que ser dirigida por una autoridad superior
José María Pemán
![]() |
"Cosmogrofia di Tolomeo" |
No puedo evitar, cuando entro en una casa, echar un vistazo a la librería. Y si la ocasión es propicia, acercarme a mirar por menudo los anaqueles. Puede que, en este impulso, haya algo de interés egoísta por descubrir alguna obra que me venga bien o, por qué no admitirlo, también un poco de cotilleo. Y es que ellos nos ofrecen un complemento estupendo a la persona, una foto de sus intereses y formas de pensar. En definitiva, a través de ellos, los libros, se conoce mejor a su propietario.
.
![]() |
"Plissciano gramaticho" |
Luego, en un descuido, cae a mis pies un libro que me deja sorprendido. Al abrirlo se libera de la presa que ejercen sus páginas una nota de cuidada letra. No puedo por menos que atender a su contenido. Una especie de currículum vítae, una solicitud de trabajo. Dice en el billete el autor, ser un gran ingeniero militar capaz de infligir al enemigo toda clase de "daños y confusión" con sus soluciones prácticas, incluyendo entre estas, la construcción de unos "carros cubiertos seguros e inatacables". No sé lo que quiere decir. Luego ojeo el libro sin interés, un tratado sobre la guerra y la ingeniería militar.
![]() |
De re militari |
Fuente: en Sus libros 2/2
Es cierto que por los libros que hay en una casa, se puede saber muchas cosas de la persona que habita en ella. Puede ser muy humilde, pero si hay libros, es un amante de la sabiduría, o al contrario, personalmente he estado en casas de personas con dinero, y he visto sus estanterías sin un solo libro... y eso me dice mucho. Y lo peor, me ocurrió una vez, lo confieso, me enamoran los libros, no tengo euros, pero sí muchos libros. Pues voy a una casa, que al entrar en el salón...guauuu, era la cueva de Ali-Baba llena de tesoros... y me acerco, los miro, y cojo Las novelas ejemplares de Cervantes... y sólo eran las tapas, por dentro no había hojas escritas... cojo el siguiente, y veo que ocurre lo mismo, sin nada en el interior.
ResponderEliminarEncuadernaciones maravillosas, pero libros vacíos, sin el alma de las palabras, esto sí que me dejó... pues flipada, y comprendí, que hay personas, como estos libros, con muy buena fachada, pero huecos y vacíos, como era la propietaria de esa casa. Aún hoy siento vergüenza de su explicación...
Un abrazo y feliz semana.
"Huecos y vacíos, como era la propietaria de esa casa". En cierto modo los libros son como el alma. Pues en ellos está desnuda su gemela, expuesta en las estanterías.
EliminarUn abrazo
De re militari. He estado tentado en pensar que juegas a inventar libros y autores, como Borges. O no, o esos libros existen, je, je. Lo que sí hago también yo es mirar las bibliotecas ajenas exactamente como tú o este alter ego del siglo finales del siglo XV. ¿Un juego? Bueno, buena parte de la literatura lo es.
ResponderEliminarSaludos.
Un juego en donde alguien ausculta el alma de otro. Pero quizá el observador nunca es neutral, siempre pone parte de sí mismo en la observación.
EliminarCómo me gusta ese sentimiento de curiosear los libros sin que esté el dueño presente... descubrir si los ha leído o no, si los ha subrayado o no, si es una biblioteca con orden o un caos que arrastra...
ResponderEliminarEs verdad, una biblioteca puede tener un orden; o ser un caos, un puzzle de cosas tan variadas que puedan resultar chocantes, hasta el punto de empujarnos a reflexionar sobre nuestra propia ortodoxia, nuestras dudas y derivas o nuestras contradicciones.
EliminarComo siempre, un bello texto. Dafd, ponte con una novela, aprovecha tu talento y regálanos una historia larga. Prometo ayudarte con la corrección.
ResponderEliminarUn saludo.
Hombre, Josep, qué tal. Gracias por tus palabras. Ese camino ya lo estáis abriendo con harto sudor vosotros que me regaláis vuestra visita a este huerto. Espero que estés recibiendo buenas noticias de tu libro Los cuentos del coleccionista.
ResponderEliminar